Las rosas de Atacama

•14 mayo 2015 • Dejar un comentario

 

Captura de pantalla 2015-05-14 a la(s) 19.59.11En ese hermoso libro de cuentos que titula Historias marginales, el escritor chileno Luis Sepúlveda comparte la experiencia de vida de un militante socialista que cultiva rosas en el desierto de Atacama. Imaginar esa tarea es, precisamente, la cuestión de fe a la que Sepúlveda consagró su vida en ambos sentidos: diseñar un mundo imposible, un mundo simultáneamente justo y hermoso. De ahí la tristeza que conlleva testimoniar cómo, una vez más, la lógica militar chilena se impone a la extraordinaria solidaridad de su pueblo -el mural que pintó la Brigada Ramona Parra en La Haya estos días, así lo demuestra.

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El fin de nuestra historia

•10 abril 2015 • Dejar un comentario

el-invitadoLas revoluciones modernas europeas comenzaron como delirios. El horizonte de la revolución política francesa y de la revolución industrial inglesa deseaban alcanzar al conjunto de la humanidad. Más tarde, lemas como tomar el cielo por asalto o la sociedad sin clases permearon el siglo XX. Las tres revoluciones de América Latina (México, Bolivia, Cuba), en cambio, diseñaron sus caminos como promesas modestamente locales.

Nuestro nacionalismo revolucionario, en el extremo latinoamericano y mundial, no nació con sueños sino con planes y acciones. Y, sin embargo, la reforma agraria, la nacionalización de las minas, el voto universal y la educación para todos se transformaron en sueños materiales: en nuestro certificado de nacimiento ante la modernidad. Nuestros padres, aquellos que hicieron el 52; nosotros, quienes hicimos la democracia el 82, y nuestros hijos, aquellos que todavía están diseñando su camino, todos somos los sujetos de este proceso hegemónico. Pero el proyecto de país que diseñó y gestionó este proceso no pudo trascender su trauma colonial y patriarcal y depredador.

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Pueblo enfermo

•17 marzo 2015 • Dejar un comentario

impotencia¿En qué momento la opinión, la acción, o las opciones del otro, del cual divergimos, se transforma en la imposibilidad de soportar que ese otro exista? ¿Qué sucede en una sociedad cuando las máximas autoridades demandan eliminar la existencia simbólica y política del otro validando la supresión de sus derechos fundamentales? ¿Qué implica rebasar el límite de la intolerancia hasta que las otras opciones políticas sean sólo consideradas la encarnación del mal? Éstas reflexiones de Hanna Arendt sobre la presencia del fascismo en nuestra vida política son cada vez más actuales. En el mundo, claro, pero también en Bolivia.

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Ama Sua

•17 marzo 2015 • Dejar un comentario

desesperanzaLadrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón. Pero eso suena a patraña. Puede suponerse, también, que los ladrones son resultado de la desesperación y la impotencia. Pero, en ese caso, ya no se hablaría de rateros sino, apenas, aunque suene cursi: hay un niño en la calle. Y necesita un pan. (Pero un pan no son 100 millones de dólares distribuidos entre “hermanos” del 2010 al 2014). Puede suponerse, finalmente, que los rateros son resultado del tráfico de influencias consentido, de las necesidades que tiene el blanqueo de capitales delincuenciales, etc.

Pero esos son rateros, nada más. Aunque tampoco nada menos.

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La fiesta seducida por la nación

•27 febrero 2015 • Dejar un comentario

afro con espejoAsí como la diablada perdió su lugar de vanguardia proletaria para ser sustituida por las electorales masas de los morenos, así también la visión nacional que deseaba derrotar al capitalismo explotador ha sido sustituida por la visión nacional que alaba al capitalismo transnacional. La diablada era una nación que se enfrentaba a todos los poderes pero que fue incapaz de construir una patria socialista; todos sus muros se derrumbaron el día que el dictador transformer ganó la elección en las minas. La morenada, en cambio, es una nación que construye sus nuevos privilegios paso a paso, voto a voto, de mayorías simples a mayorías absolutas. No tienen muros, bailan avanzando lento pero seguro por la doble vía al oriente y la fiesta grande camba los recibe, los aprecia, los hace sus dirigentes.
Habrá que ver cómo se baila en la fiesta del bicentenario que viene. Habrá que ver cómo baila la nación chola. Si baila. O si habrá dado, para entonces, su último suspiro. Y todos bailemos tinku.

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A Pedrx Lemebel

•26 enero 2015 • Dejar un comentario

lujuriaQueridx hermanx:

Claro que recuerdo. Cómo no si esa noche Carmen arrastró mi vieja timidez hasta ese bar con nombre de ajedrez que reunía a una fauna que siempre admiré pero de la que siempre me mantuve distante. Mientras ella –una poeta feminista comunista, quién lo creyera- me contaba que ese hueco santiaguino reunía a todos los libertarios apareciste con ese tu gesto de mariposa. Pocos tiempo antes habías leído tu Manifiesto, ese que enseñó a sospechar del maquillaje democrático a toda la izquierda que renunciaba a sí misma embelesada por las delicias del poder. Porque para tener la autoridad moral y política de afirmar que estábamos juntos en esa misma mesa de las malas costumbres, había que saber que la revolución compartía alas de libertad con la mariconería, no desprecios patriarcales. Claro que recuerdo.

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Bolivia: 12 películas fundamentales

•6 diciembre 2014 • Dejar un comentario

Afiche copiaSegún el Banco Mundial existen cuatro formas básicas de capital: el natural, constituído por la dotación de recursos naturales con que cuenta un país; el capital construído –infraestructura, bienes de capital, cualidades financieras, comerciales, etc.-; el capital humano, determinado por el grado de nutrición, salud y educación de su población, y el capital social, “descubrimiento” reciente –treinta años- en los estudios sobre el desarrollo. Algunos estudios atribuyen a estas dos últimas formas de generación de capital una influencia mayor en el desarrollo económico de los países porque encuentran en esas fuerzas las características decisivas del avance tecnológico, la competitividad, el desarrollo sostenible, el buen gobierno y la estabilidad democrática. Como si el trabajo creativo, tanto en sus condiciones como en su realización, fuese la clave del desarrollo.
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